AFAL Asociación Nacional del Alzheimer

Por: María Jesús Morala

Viernes, 20 de Agosto de 2010

El médico rural

Acabo de ver en un blog los comprensibles y justos lamentos de un médico rural, que se queja de que no disponen de suficientes medios, no reciben el estímulo necesario y otras desgracias relativas a la soledad e incomprensión con que se encuentran estos aguerridos profesionales de la medicina.

En mis recientes vacaciones en Laxe (La Coruña) tuve que llevar a mi nieta al médico, en el Centro de Salud del pueblo. El pediatra nos recibió enseguida, nos trató con toda cordialidad y dedicación e hizo un diagnóstico muy acertado. Y hasta disponían de una sala de espera con mesas y sillas infantiles y un montón de juegos, elementos para coloreal y cuentos.

Cuando uno acude a un médico de pueblo, tengo que reconocer que lo hace con cierta prevención, con la estúpida idea de que tal vez no haya tenido la oportunidad de sus colegas citadinos para actualizar sus conocimientos, de que tal vez no vaya a acertar con nuestro caso. Pero lo cierto es que se trata de personas que no han perdido la humanidad, que te escuchan, que no necesitan una colección de análisis y pruebas para dictaminar porque disponen de algo mucho más valioso: una anamnesis sin prisas, una experiencia de "toque" y la costumbre de mirar a la cara y no al recetario.

Por todo esto, tal vez deberíamos inventar el turismo sanitario-rural y pedir consulta con el médico rural que tengamos más a mano. 

 

Viernes, 30 de Julio de 2010

Suicidio a los 70

Los holandeses, que siempre han sido los más avanzados en el respeto al deseo de morir y en disponer ayudas a quienes lo solicitan, han ido esta vez un poco más allá. Están planteando que una persona, a partir de los 70 años de edad, pueda solicitar que se le ayude a dejar este mundo, tras una vida ya realizada.

No se me podrá acusar a mí de estar en contra del suicidio libre y asistido pero esto de los 70 años ha encendido todos mis pilotos de alarma. ¿Por qué a los ancianos? Cualquiera puede considerar que ya no quiere seguir viviendo pero sólo se entiende cuando uno es ya viejo. Total, con 70 años ¿para qué vivir ya? parece ser la filosofía de estos caritativos ciudadanos.

Esto de poner edad al derecho a la muerte es muy sospechoso y representa un alto riesgo.

Es de mero sentido común que esta pretensión lleva implícita una consideración altamente peyorativa de la ancianidad. Sólo con que nos miremos a nosotros mismos y a nuestra propia experiencia, veremos que, a cualquier edad que tengamos, siempre nos parece que una edad superior a la nuestra es "cosa de otros". De modo que los que piensan ahora que los 70 años son una barbaridad, cuando los tengan estarán convencidos de que los 90 sí que son muchos pero que una persona de 70 es bastante joven. Naturalmente, los que proponen el suicidio a partir de los 70, no los tienen aún.

Por otra parte, los viejos son caros: acuden al médico con demasiada frecuencia, consumen demasiados fármacos, no son ya productivos, necesitan cuidadores, etc. Sería mucho más económico que, elegantemente, sin alharacas, se fueran retirando por el foro. Naturalmente, dispondrían del máximo confort en su despedida de este valle de lágrimas. Y se harían hermosos rituales para que los hijos a los que criaron con todo sacrificio y amor y los nietos a los que atendieron para que a sus papás les fuera posible enriquecerse, pudieran mostrar su sentido dolor por la pérdida. Claro que algunos viejitos no tendrán el menor deseo de irse de este mundo. ¿Qué haremos con ellos? Podríamos hacerles ver lo mal visto que está seguir aquí dando guerra a sus queridos hijos cuando tienen tan fácil largarse de una vez. De ese modo, la ansiedad y la depresión que esto les generaría, facilitaría su decisión.

Lo que tiene que hacer esta malhadada sociedad que nos estamos construyendo es ser más agradecida, más solidaria, más generosa, más bondadosa, y dejarse de maldades como ésta.

 

Martes, 20 de Julio de 2010

El subsidio

Veo hoy en la prensa una noticia referente a una residencia de mayores de Huelva en que la entrada de un número notable de personas en exclusión social (sin techo, alcohólicos, drogodependientes, etc.) como residentes ha creado una situación de conflictividad en que se producen intentos de robo y altercados entre los usuarios de este centro, que es público.

El problema comenzó con la llegada de la Ley de Dependencia y la Prestación económica para cuidados en entorno familiar, el famoso "sueldecito" que recibe el cuidador principal familiar cuando decide tener al enfemo a su cargo, en su domicilio - entre 300 y 520 euros al mes- y del que ya hemos dicho hasta la saciedad que es un recurso del que las administraciones están abusando, cuando la Ley lo contempla como algo excepcional, simplemente porque es más barato.

Esta residencia se quedó con muchas plazas libres cuando muchas familias decidieron que una residencia pública estaba bien como hogar para sus ancianos pero que, si podían obtener una cantidad por cuidar recibían dos beneficios: el sueldecito y el ahorro de lo que tenían que aportar a la residencia. Estas plazas fueron cubiertas con personas sin hogar, algo digno de aplauso, sin duda, pero que precisa el complemento de la garantía de la seguridad para todos los residentes.

Pero lo que a mí me preocupa más es que la Ley de Dependencia se haya convertido en un sistema de subsidios más que en uno en que, tras una evaluación del caso, se decide qué recurso se adapta mejor a cada anciano. Porque, ¿alguien ha preguntado a estos mayores de Huelva qué es lo que ellos preferían?

En estos tiempos de crisis, a esta asociación nos vienen muchos casos en que el ansiado sueldecito le llega al cuidador tarde, mal y arrastras. ¿Nos encontraremos con que las familias que sacaron de la residencia a sus mayores, cuando vean que no lreciben el subsidio regularmente, querrán devolverlos al centro? Pero, claro, como las plazas ya están ocupadas por los sin techo, no tendrán más remedio que quedárselos.

¿Está la Ley de Dependencia fomentando el maltrato a los mayores a través de su sistema de subsidio?

Jueves, 8 de Julio de 2010

Jubilarse a los 70

Ayer apareció en los medios la noticia de que la Comisión Europea propone, entre las medidas para salir de la crisis, la jubilación a los 70 años. Revisando mi propia experiencia familiar, he de decir que mi suegra - maestra nacional y de familia longeva- se jubiló a los 70 y vivió otros 26 años más con bastante salud pero mi madre, a los 75 tenía alzhéimer y mi padre murió de cáncer a los 81, la misma edad en que murió mi suegro. La mayoría de mis parientes han muerto, por una u otra enfermedad, muy cerca de los 80 años. Por otra parte, veo en la asociación una gran cantidad de personas con alzhéimer previo a los 70 años.

Lo que nos propone la Comisión Europea, por tanto, es salir de la etapa laboral directamente a la demencia o al deterioro por enfermedad o vejez, renunciando a la conquista social de ese descanso y disfrute del último tramo de la vida plena y en salud. De este modo, habrá que cambiarle el nombre a la jubilación, ya que no será un paso precisamente jubiloso. Habrá que volver a la antigua expresión de "retiro", considerando que la persona está retirada de su profesión y casi de la vida.

No se entiende muy bien que la jubilación a los 70 sea compatible con la lucha contra el paro y, además, vemos todos los días cómo las empresas consideran poco menos que "acabados" a los empleados de más de 50 años, así que si unimos esto a los despidos baratos nos encontraremos con personas de 60 o 65 años en paro a los que ya nadie contratará. ¿Qué será de ellos?

La Comisión Europea debería ser más imaginativa y más valiente e incidir, para la resolución de la crisis, en otros aspectos y sectores, fundamentalmente en aquéllos que la han provocado, como el inmenso gasto burocrático de las estructuras nacionales y supranacionales o los abusos cometidos por la banca.

Es mucho más fácil, claro está, tomar medidas como ésta, que afecta a los mismos de siempre, pero si seguimos haciendo recortes a lo que fue el estado del bienestar en Europa, vamos a volver a niveles decimonónicos. 

 

Viernes, 2 de Julio de 2010

Desde el balcón

Mi amiga Pepita, con 87 años y una artrosis que le impide salir a la calle desde su piso sin ascensor, tiene la fortuna de poseer un balcón desde el que ve pasar la vida. Cuenta los coches y los transúntes que pasan ante su portal. Y tiene otro balcón que le permite estar al tanto de lo que ocurre en el mundo: su televisor.

Ella, una persona culta e inteligente, me tiene al tanto de las noticias, con su lúcido análisis incluido, y se sorprende de que yo esté menos informada que ella. El valor de la televisión para los ancianos actuales es enorme, sobre todo cuando ya están impedidos físicamente porque, si no tuvieran esa fuente de estímulo y contacto con la realidad diaria, se irían enclaustrando en sí mismos y caerían en la tristeza del aislamiento.

Pues bien, una vez llegada a nuestros hogares la televisión digital terrestre (TDT), Pepita ha visto reducido paulatinamente su acceso a los canales de televisión de que siempre disfrutó porque "hoy salen todos en negro", "hoy tengo varios pixelados", "hoy, es que no veo ninguno", y así siempre. Todos estamos sufriendo este atropello de la TDT pero los ancianos sin familia lo tienen mucho peor porque les es muy difícil encontrar a alguien que no esté a toda prisa yendo y viniendo por la vida de locos que todos llevamos y que encuentre un rato para dedicarlo a intentar mejorar la imagen de su televisor. Así que Pepita ya casi ha perdido uno de sus dos balcones.

¿Cómo seremos tan necios los humanos? Hemos creado un mundo lleno de dificultades, tan complejo y difícil de gestionar que cuando seamos mayores perderemos nuestra autonomía y reduciremos drásticamente nuestra interrelación con la realidad que nos rodea. Como vivir encerrados en un piso interior.

 

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