
Viernes, 20 de Agosto de 2010
El médico rural
Acabo de ver en un blog los comprensibles y justos lamentos de un médico rural, que se queja de que no disponen de suficientes medios, no reciben el estímulo necesario y otras desgracias relativas a la soledad e incomprensión con que se encuentran estos aguerridos profesionales de la medicina.
En mis recientes vacaciones en Laxe (La Coruña) tuve que llevar a mi nieta al médico, en el Centro de Salud del pueblo. El pediatra nos recibió enseguida, nos trató con toda cordialidad y dedicación e hizo un diagnóstico muy acertado. Y hasta disponían de una sala de espera con mesas y sillas infantiles y un montón de juegos, elementos para coloreal y cuentos.
Cuando uno acude a un médico de pueblo, tengo que reconocer que lo hace con cierta prevención, con la estúpida idea de que tal vez no haya tenido la oportunidad de sus colegas citadinos para actualizar sus conocimientos, de que tal vez no vaya a acertar con nuestro caso. Pero lo cierto es que se trata de personas que no han perdido la humanidad, que te escuchan, que no necesitan una colección de análisis y pruebas para dictaminar porque disponen de algo mucho más valioso: una anamnesis sin prisas, una experiencia de "toque" y la costumbre de mirar a la cara y no al recetario.
Por todo esto, tal vez deberíamos inventar el turismo sanitario-rural y pedir consulta con el médico rural que tengamos más a mano.


