
Viernes, 9 de Octubre de 2009
Ser dependiente
El informe del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) de 1 de septiembre arroja unas cifras inquietantes. Se han registrado en España 977.000 solicitudes de recursos correspondientes a la Ley de Dependencia. De esas solicitudes, casi el 78 % corresponden a personas con 65 años o más. Pero aún hay más; los mayores de 80 años suponen el 52 %. Es decir, un elevado porcentaje de mayores viven en dependencia de otros. Y hay que considerar que mucha de esa dependencia se debe al alzhéimer y otras demencias, que, aunque no son exclusivas de los ancianos, están ligadas a la edad.
En los países más avanzados, como el nuestro -justo aquéllos en que la vida se prolonga más y en que, como consecuencia, hay mayor número de personas mayores- se observa otro dato: es el tramo de edad más avanzada (de 80 años en adelante) el que más está aumentando.
Como ya he dicho en otras ocasiones, la cuidadora está en vías de extinición y muchas mujeres tienen un único hijo cuando alcanzan ya los 35 o 40 años, con lo que ese hijo se verá en el trance de tener que cuidar a su progenitora o progenitor cuando todavía no le es posible. Si unimos todos estos ingredientes, nos encontramos con el siguiente cuadro: dentro de poco, tendremos un montón de ciudadanos mayores con alzhéimer que no podrán ser cuidados en en seno de su familia.
¿Están los poderes públicos creando un montón de plazas públicas o financiadas de residencia para absorber a los futuros demandantes? Respuesta contundente: NO. Y no sólo contamos con esta negativa. Los poderes públicos han decidido recientemente recortar la inversión en investigación biomédica, lo que va a afectar a la relativa a las enfermedades neurodegenerativas, entre las que se encuentra el alzhéimer.
El alzhéimer es una enfermedad larga y cara, con una prevalencia muy alta, que está amenazando directamente al estado del bienestar. Los poderes públicos deberían estar reforzando sus esfuerzos de inversión para conseguir encontrar las causas del alzhéimer, que será lo que nos permita hallar la prevención y la cura, y para lo que se precisa dinero público. Este es un clamor de AFALcontigo desde hace ya muchos años y ahora no nos queda más remedio que lamentar enormemente esta decisión, a la vez que animamos a los estupendos investigadores españoles a seguir en la brecha porque, como reza nuestro lema ellos son nuestra esperanza. Nosotros, por nuestra parte, seguiremos luchando.


